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Una Mirada Espiritual A Lo Que Hacemos Con El Cuerpo

Del LIBRO EROS EN LA CASA DE DIOS

“Así que hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es vuestro culto racional.”

Romanos 12:1

 

En el Nuevo Testamento encontramos una serie de recomendaciones con relación al uso que debemos dar a nuestro cuerpo y más exactamente al manejo de la sexualidad.

Comencemos con una pregunta, ¿por qué Satanás siempre ataca el hombre a través de su sexualidad? Hablando en términos penales, el crimen que se comete en mayor proporción entre la población infantil es el abuso sexual; no el robo, ni el homicidio, ¿Por qué?  La mayoría de las personas que pasan por sesiones de consejería, con frecuencia comentan algún problema referido a su sexualidad, cuya raíz es el abuso.

La sexualidad es una de las áreas más íntimas del ser humano y a la cual nosotros impedimos que otros entren. No nos gusta que nadie tenga acceso a la información referida a nuestra sexualidad, no nos gusta hablar acerca de ella.  En nuestras comunidades, el sexo ha sido un tabú, no se habla de esto. En la iglesia menos. Pero la sexualidad es uno de los temas centrales de la vida del ser humano. ¿Por qué Satanás pervierte la sexualidad? ¿Por qué le gusta a él dañar esa área de los hombres y mujeres de una manera tan visible, contundente y permanente? Podría el enemigo atacar al ser humano solamente a través del pensamiento, pero no es así; le ataca en su cuerpo y concretamente llevándole a pecar con y contra su cuerpo. Aunque igual ataca con la enfermedad, pero no se peca al enfermarse.

La respuesta es sencilla. La sexualidad es una manera como Dios ha cifrado Su esencia de Creador en nosotros y Satanás pervierte lo que Dios más ama: al varón y la hembra diseñados a Su semejanza.

Miremos algo interesante. Cuando Dios hizo pacto con Abraham, ¿dónde puso la señal de ese pacto? En su pene, concretamente en el prepucio. ¿Por qué no lo puso en la oreja o en la mano? Le dijo, “Circuncidareis, pues la carne de vuestro prepucio, y será pacto entre mí y vosotros” (Gén. 17.11), ratificando la promesa “y haré de ti una nación grande y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición…y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Gén. 12.2, 3b) “y te multiplicaré en gran manera, y haré naciones de ti, y reyes saldrán de ti” (Gén. 17.6).  La señal la puso allí y no en ninguna otra parte, porque así se simboliza el poder creativo de Dios, puesta en el ser humano y en el caso que nos ocupa sobre la parte del cuerpo que tipifica la capacidad reproductiva, de multiplicación del hombre.

 

El hombre y la mujer se reproducen, se multiplican a través de una práctica natural cuya única manera posible es la sexualidad. En la sexualidad se concreta la capacidad de reproducción del hombre que es reflejo de la capacidad creadora de Dios. Sin querer decir que la sexualidad se hizo sólo para la procreación, porque, la relación sexual es tipo de la relación de Dios y Su Iglesia, cuya esencia es el amor y no tan sólo la procreación.

La Biblia dice en Efesios 5.25 “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. En esa porción queda cifrado lo siguiente: el varón es tipo de Cristo y la mujer tipo de la iglesia, que se aman mutuamente. Pero también entre el varón y la hembra queda cifrado el don de Dios de poderse multiplicar para dar vida a otros. Dice en Génesis 1.27, “y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. El varón y la hembra juntos nos hablan de la semejanza de Dios en el hombre. Del acto de creación que más se asemeja a Su gloria.

Vamos a mirar una analogía para que entiendas mejor lo que estoy diciendo. Pero antes quiero explicar la porción bíblica en la que me basaré.

En Éxodo 25:8 aparece un requerimiento de Dios.  El Señor inquiere al pueblo de Israel, “Harán un Santuario para mí, y habitaré en medio de ellos”. Él ya le había mostrado a Moisés el proyecto en el Monte de Sinaí si miramos el capítulo 24, versículo 18. Este tabernáculo se hizo con instrucciones muy precisas de parte de Dios, por eso se repite con frecuencia la expresión “Se hizo como Jehová había mandado a Moisés”.

El Tabernáculo nos habla en sus detalles de Cristo, aunque aquí no voy a desarrollar esto. Simplemente diré que era un lugar en donde se manifestaba la gloria de Dios. Tenía tres partes de las cuales había una más pública y otra al fondo muy secreta a la que podía sólo acceder el Sumo sacerdote y debía entrar en santidad. Si entraba en pecado moría. Y de ello se daban cuenta, porque ya no sonaban unas campanitas que llevaba en su vestido sacerdotal, las cuales repicaban permanentemente mientras éste se movía. Si fallecía, su inmovilidad se tornaba en silencio y era sacado con cuerdas del Lugar Santísimo, en donde como dije antes, se manifestaba la gloria de Dios.

Por otra parte, la Palabra de Dios dice que nosotros somos Su tabernáculo y el lugar en donde se manifiesta Su gloria. (1 Co. 6:19).

Explico esto para que quede más claro lo que relataré en seguida:

Una vez le pregunté al Señor sobre el tema de la virginidad.  Yo sinceramente le dije, “no creo en eso, no puedo entender por qué tiene que haber virginidad, no comprendo”. Se tomó el Señor un año en responderme, pero me respondió.

 

Él me dijo: “hace una año tú me hiciste una pregunta, y dijiste por qué la virginidad, y que no estabas de acuerdo con ese decreto.  Ahora Yo te voy a preguntar. Tú ¿conoces el tabernáculo?”.  Le dije: sí.  “¿Tu has oído que tu cuerpo es tabernáculo?”, le dije: si, Señor. Me dijo: “¿cuántos sacerdotes entraban al tabernáculo, al lugar santísimo?”.  Le dije: “Uno, Señor”. Entonces dijo: “Sólo uno entrará en tu tabernáculo, sólo uno será tu sacerdote… ¿Tú sabes qué es el himen?”  -Si, es un tejido que tenemos las mujeres.  Me dijo: “El himen es tipo del velo entre el lugar santo y el lugar santísimo, que tiene que ser rasgado por el sacerdote para entrar al lugar íntimo, ante mi presencia. Y cuando se rompe el himen, ¿qué suele pasar?  -Señor, usualmente, hay un sangrado.  Me dijo: “¿sabes por qué? Porque el pacto entre varón y hembra se sellará con sangre”.

Y tuve que guardar silencio ante el Señor…

Así que hoy entiendo que ciertamente, el Tabernáculo de Moisés, también nos habla de nosotros como Templo del Dios vivo y que nosotros jugamos con la sexualidad sin darnos cuenta de que es más seria de lo que pensamos. La sexualidad es una de las más grandes creaciones de Dios para dignificar Su grandeza como Creador y procreador; Su grandeza como un Dios que se sabe deleitar con su esposa, la Iglesia. La sexualidad es espiritual y tipifica en sí misma la relación de intimidad de Dios. Dios es un Dios de intimidad. El ama lo secreto. Ama el amor entre el esposo y la esposa porque Él es esposo.

No pretendo pues, que quienes antes de conocer a Cristo cambiaron permanentemente de pareja, de esposo o esposa, se sientan culpables. Porque la sangre de Cristo ha limpiado nuestros pecados; pero sí me atrevo a contarte esta historia para que vayamos renovando nuestra mente humana y carnal hacia la mente de Dios y su lógica perfecta.

Entonces resulta que tenemos aquí un hilo suelto y este tiene que ver con que el hombre y la mujer son tipo de Jesucristo y Su iglesia.  Pero hay otro hilo también suelto que tiene que ver con lo que dice la Biblia que independientemente de que seamos hombres o mujeres, somos templos del Dios viviente.

En Génesis 1:1 dice que el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. ¿Por qué se movía?  Yo le hice esa pregunta también al Señor, y Él me dijo: “la respuesta está en Génesis 8”. Y dice allí que Noé envió un cuervo y 3 palomas en tiempo de diluvio; la primera paloma fue y anduvo sobre las aguas y volvió; la segunda también anduvo sobre las aguas y volvió con una ramita de olivo y la tercera fue y nunca regresó. ¿Por qué nunca volvió? Porque encontró dónde reposar.  ¿Qué quiere decir esto? Que cuando el Espíritu se movía sobre la faz de la aguas estaba buscando dónde reposar, pero no habían sido creados el varón y la hembra. Por eso cuando la Palabra nos habla en Génesis 2 que después de la creación Dios reposó, resulta incorrecta la interpretación que nos han dado, que Él reposó porque estaba cansado. Él no estaba cansado (porque Dios no se cansa), reposó aquí quiere decir, que encontró descanso al cumplir Su cometido, al crear al hombre pudo hallar dónde reposar.

 

Había creado al hombre y a la mujer y encontró un templo propio para morar, para que Su presencia fuera derramada sobre la tierra.  Eso es diferente y está de acuerdo con lo que dice Isaías 66:1, “Jehová dijo así: el cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?”  Mira lo que dice, parafraseado: “Yo reposo aquí en mi trono, pero necesito también dónde reposar en la tierra”. Y luego dice: ¿quién puede hacer un templo donde yo pueda reposar?  La respuesta es: nadie. Porque sólo Él construye la morada de Su reposo.  Y Su morada somos nosotros, pues dice la Biblia que nosotros somos templo del Espíritu Santo (1 Co. 6.19).

David en su momento creyó que Dios quería que le hiciera un trono y el profeta Natán le dijo: “No David, no le hagas templo a Jehová”. Él siempre ha habitado en toldas, porque el mismo tabernáculo de Éxodo es tipo de lo que somos, un lugar donde Él pueda reposar Su gloria.

Pero ¿qué tiene que ver eso con nosotros? Que el cuerpo no es menospreciable como a veces hemos pensado, hemos hecho casi una doctrina de aquella porción de Pablo que dice que el ejercicio físico para nada aprovecha (1 Tim. 4.8), sin pensar a quién le está hablando él. Él les estaba hablando a unos que habían hecho de su cuerpo un ídolo.

Acuérdate cómo eran los romanos y los griegos, sobre todo los primeros; unos idolatraban el cuerpo y los otros el pensamiento. De las palabras de Pablo hemos concluido que el cuerpo no es importante para Dios y, quiero decirte que, eso es totalmente falso.  El cuerpo es la manera como Dios escogió traer y manifestar Su gloria sobre la tierra. No escogió Dios otro lugar para reposar, sino Su propia creación hecha a Su semejanza (Hch. 17:24-25).  Por eso dice que somos Su cuerpo. Y nosotros tenemos vida por Su Espíritu. Pero esta vida tiene un estuche que amerita un cuidado especial.

La manera como Él puede habitar sobre la tierra y se cumpla esta palabra, “La Tierra es el estrado de mis pies”, es a través de personas, de tabernáculos, de templos como tú y yo, que Dios mora en la tierra. Por eso Satanás siempre quiere dañar y poseer las moradas de Dios en la tierra.

¿Cómo lo logra?  Dice la Palabra de Dios que Satanás es padre de toda mentira. Todo, todo cuanto Dios hace él lo ha querido imitar. Porque el Señor quiso que   fuéramos llenos de Su Espíritu Santo, pues dice la Biblia que Él quiso morar en nosotros: “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.  (Jn. 14.23).

Él quiere morar en nosotros, pero el diablo también. Tú no puedes darle gloria a Jesucristo sino a través del Espíritu Santo. Sólo a través del Espíritu podemos reconocer que Jesucristo es el Señor. Sólo a través del Espíritu tú puedes llegar a reconocer a Cristo y darle Su gloria y alabanza.

 

¿Qué dice y hace Satanás?: “yo quisiera llenarlos de espíritus inmundos para que sus cuerpos sean míos, para que sus cuerpos me pertenezcan y para que ellos también me den la gloria a mí, porque yo también quiero ser dios”.

Recuerda que la propuesta de Génesis 3 fue: “seréis como Dios”, la hizo a la mujer y al varón, al decirles: “¿quieres ser como Dios?”, “yo les puedo llevar a ser como Dios”. Y nunca ha cambiado, Satanás quiere que nosotros hagamos las cosas a su manera y que queramos ser como Dios gobernándonos a nosotros mismos, auto gratificándonos a través del sexo sin amar a nadie en ello.

Si aceptamos esa propuesta, inmediatamente quitamos los ojos del Señor y dejamos de darle la gloria a Él para darnos gloria a nosotros mismos. ¿De qué manera? Justamente, rompiendo Su voluntad de ser hechos para Su alabanza. Cuando el ser humano deja de tener sus ojos puestos en Cristo (Heb.12:2) termina en una vida que vulnera el amor de Dios, porque para amar a otro tenemos que amar de verdad primero a Dios quien fluye Su amor a través de nosotros y llegamos a ser el canal para traer lo celestial a la tierra. Justamente por su Espíritu en nosotros.

Pero cuando hacemos caso de la propuesta de Satanás, quitando nuestra mirada de Dios, empezamos a ser canales de oscuridad dándole gloria a él al vivir una vida egocéntrica, una vida que no ama a nadie, una vida que sólo busca satisfacerse a sí misma.

La Palabra de Dios dice que Satanás quiso sentarse más arriba del lugar del trono de Dios. Por eso, mis amados, nos induce al pecado sexual porque es una manera de rendirle culto a él y no a Dios.  La fornicación, el adulterio, son formas de adorar al diablo.

Voy a explicar por qué. Cada vez que la persona fornica o adultera, inmediatamente el lugar que puede ser la morada de Dios, se hace impuro. Un cuerpo contaminado ya no es un buen albergue para la Santidad de Su Espíritu. La persona pasa a estar atada por otros espíritus, no por el Espíritu de Dios, que le dirigen y le llevan a transgredir el orden divino, aun en otros aspectos como, por ejemplo, la mentira. Todo adúltero es también mentiroso.

Por otro lado, se rompe la tipología de Dios: un varón y una hembra unidos en amor eros y bajo un pacto y que se aman en pureza, nos hablan de un Cristo unido a una iglesia pura, que es Su única, Su amada, Su preferida, Su consentida.

El enemigo quiere que no haya un esposo tipo de Cristo, que sea capaz de amar a su esposa, ministrarla, quererla como Él ha querido a Su iglesia, al punto que fue capaz de dar su vida por ella.  El diablo no quiere que las mujeres sepamos ocupar nuestros lugares en las relación como esposas, amando y respetando a nuestros maridos. Porque cuando Dios dijo, “quiero que sean a mi semejanza”, Él vino hasta la tierra y se encarnó siendo Dios, para poder decir: “miren, así como Cristo es, así deben ser ustedes”.  La Palabra de Dios dice que así como Cristo es, tiene que ser el varón; y la mujer es tipo de lo que tiene que ser la iglesia. El enemigo viene a tratar de romper lo que Dios ama: Sus tipos, Su tipología, Sus señales vivas en la tierra. Trata de que se rompa aquella hermosa verdad, “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó.” (Gén. 1:27).

Así mismo, los cuerpos han sido vulnerados para que no sea cumplido en ellos el plan de Dios. Al escribir el apóstol Pablo diciendo: “esto es alegoría de…”, lo que está queriendo decir es: “miren, interprétenlo correctamente”. Cuando Dios dijo que éramos tabernáculo, Él estaba pensando en el lugar donde Él verdaderamente podría reposar.

El tabernáculo es alegoría de nuestra vida en cuerpo y espíritu. El varón y la hembra son alegoría de Cristo y la Iglesia.  La mujer y el hombre que fornican dejan de ser tipo de la novia de Cristo que se guarda en pureza para su único sacerdote fiel, con quien se desposa primeramente porque quiere alcanzar la Santidad a la que Dios le llama y amar a su esposo honrándolo como Dios quiere. El pecado sexual transgrede el orden de Dios en todo sentido.

La sexualidad no es un juego, pero nosotros no la hemos entendido en su magnitud. Por eso tan fácilmente el creyente  fornica, adultera e involucra la pornografía dentro de sus hábitos, por la falta de conocimiento y revelación de la Palabra de Dios. (Oseas 4:6).

La sexualidad es una expresión del amor de Dios, de la intimidad con Dios.  Desde otro punto de vista la sexualidad habla de la misma espiritualidad del hombre.  ¿Cómo “procreamos” en lo espiritual si no es en la intimidad?  Es en la intimidad, en el lugar secreto, donde Dios me atrapa y yo le atrapo a Él.   Allí es donde estamos desnudos, completamente sinceros frente a Él y nos amamos en silencio. Tocamos Su corazón y nos embriagamos de Sus amores. En la intimidad con Dios es donde damos fruto, y mucho fruto (Jn. 15:5). Donde fructificamos.

Él dice en Mateo 6, “Pídanme en lo secreto y yo les recompensaré en público” (parafraseado).  Lo que yo doy a luz en la realidad externa primero Dios lo engendra en mí, en nuestra relación espiritual íntima.

Así mismo ocurre en la sexualidad. Es en la expresión y comunicación sexual el momento en que el varón y la hembra, en su intimidad, dan a luz vida.  Por eso dice la Biblia que cuando un hombre tiene relación sexual con una mujer, “serán una sola carne” (Ef. 5.31). Se sella un pacto entre ese varón y esa hembra, como fue sellado entre Cristo y Su iglesia.  Cristo tiene un pacto con Su iglesia. Él dio a entender “Yo me la voy a jugar toda y tú serás mía, y Yo te voy a dejar sin mancha y sin arruga, y mi sangre y mi vida voy a dar por ti, porque te amo”. (Ef. 5.27)

 

En las Escrituras, hay muchas figuras que no son más que tipificaciones de las verdades profundas de Dios.  Preguntémonos, por ejemplo, ¿qué fue lo que salió del costado de Cristo cuando fue crucificado?  Agua y sangre.  ¿Qué significa la sangre? Vida, porque sin su sangre no podríamos estar aquí.  Y ¿qué significa el agua?  El agua es tipo del Espíritu Santo. La Biblia cuando habla del agua, habla de la Palabra o del Espíritu Santo.  Pregunto, ¿de qué lado de Adán fue sacada la mujer? De su costado, igual que del costado de Cristo salió agua y sangre que significa vida.

No hay nada más hermoso que entender acerca de la tipología del varón y la hembra. Cuando Dios sacó a la hembra de Adán, de su costado, estaba pensando ya en Su iglesia, representada en la figura de la mujer. Una iglesia que recibió vida por la sangre y por Su Espíritu. La figura del varón y la hembra es sagradas porque representa a Dios y su cuerpo, la iglesia.

Lo más maravilloso de todo esto es que Él no ha cambiado de idea. Sigue pensando en Su idónea, así como a Adán le hizo una idónea de su costado. ¿Sabe cuál es su idónea? La iglesia, Su esposa, Su novia, Su amada, Su perfecta, Su predilecta. La que salió de su costado cuando Él fue a la cruz.

Cuando nosotros expresamos nuestra sexualidad no debemos, no podemos olvidar estas verdades, porque la sexualidad es algo supremamente espiritual. La sexualidad no es simplemente un asunto de placer físico, es la manera como Dios ha tipificado todo lo que Él es: la cabeza que lleva a una que sacó de Su propio costado y por la que dio Su vida. ¿No es acaso llamado Cristo el postrer Adán? (1 Co. 15. 45 – 47). ¿Por qué? Porque de Él mana la vida, el plan que Dios ya tenía.

El cuerpo es el canal por medio del que Dios quiere manifestar Su gloria en la tierra; por eso el cuerpo debe ser cuidado. No puede ser sometido a cualquier tipo de relacionamiento, el cuerpo tiene que estar siempre siendo lo que Él dijo que era, Tabernáculo Santo para Su presencia.

Cuando logremos santificar ese templo, estemos tranquilos porque podemos decir: “Señor, el cielo es Tu trono  y la tierra estrado de Tus pies, te estoy obedeciendo y glorificando”.

Él quiere gobernar esta tierra y  quiere hacerlo a través de Su Espíritu, pero ese Espíritu debe tener dónde morar.  El Señor podría constantemente manifestarse en teofanías  pero no lo hace. Él ha venido gradualmente manifestando Su gloria y la más grande manera como manifestó Su poder fue a través de Jesucristo. Llegará el día en que esa gloria será manifestada a través de hombres y mujeres como nosotros, porque la Palabra dice que aún no se ha manifestado lo que se manifestará (1 Jn. 3.2), y está hablando de personas como tú y  yo.

Por eso la sexualidad tiene que ser cuidada. Tenemos que orar y velar para que el diablo no venga a abusar a nuestros pequeños en esa área. Porque cuando un niño o una niña son abusados, Satanás buscará pervertir su cuerpo y dejar una huella indeleble en ellos; una huella que marcará a la persona para siempre y la hará proclive al pecado sexual.

La primera manera como tú recibes, entiendes  o sientes el placer sexual te queda sellado en la mente y luego quieres buscar ese mismo placer. Cuando un niño o una niña son abusados siempre buscarán que esa manera pervertida como sintieron el primer placer sexual se repita en sus vidas. Por eso al diablo le gusta y promueve el abuso sexual, porque es una forma de esclavizar los cuerpos y no permitir que estén limpios para que el Dios de toda gloria venga a fluir y morar en ellos.  Esa es una manera de decirle “no” a lo que Dios ha querido establecer, porque el hombre y la mujer son tipo de la relación de Dios con Su iglesia.

La pregunta es ¿quieres consagrar tu cuerpo a Dios? ¿Lo quieres hacer con pleno conocimiento de causa? ¿Quieres hoy entender que no es cuestión de un juego solamente o una relación efímera entre un hombre y una mujer?  El matrimonio es una relación de pacto y solo bajo ese pacto se debe vivir plenamente la sexualidad. Porque Dios como esposo tiene también una relación de pacto con su amada, la iglesia.