Blog

MI COCINA DE ESCRITURA PARA ENSAYOS TEOLÓGICOS

MI COCINA DE ESCRITURA PARA ENSAYOS TEOLÓGICOS

 Por Liliana Posso Bonilla

Quisiera en este breve manuscrito, de manera general, mostrarles a los lectores que les gusta el estudio y la escritura de qué manera se va construyendo un ensayo teológico. Para ello iré mostrando como se pica, muele, y amasa mi escritura. Es decir, la parte oculta del pan que se come en casa. Esa que no ve mi comensal. Puede que otros se animen también a escribir, a cocinar sus escritos.

En mi caso un libro siempre surge de una preocupación, un asunto sin resolver en mi vida, en la vida de otros, en la iglesia o en medio de los conceptos que puedo hallar en libros que leo y me dejan grandes incógnitas. Todo surge de lo que Dios cocina en mi mente y en mi corazón.

Por ejemplo, ahora estoy enfrascada en ciertos temas puntuales del libro de Daniel, lo cual me ha obligado a leer asuntos que se relacionan con mis preguntas. Buscó entonces relaciones, sobre todo, en otros libros proféticos e históricos de la misma biblia. Esto me llevó a encontrar relaciones interesantes: Por ejemplo, la relación entre Daniel 2,7,8 y Apocalipsis 13. Si lo lees, verás que aparecen unas figuras de animales muy similares. Tendré que explicar: ¿qué significan, sin salirme del mismo texto de Daniel, en el capítulo 8?

Por supuesto he leído múltiples veces el libro de Daniel, de cabo a rabo. Y no con la intención de enseñar y menos de escribir. Solo deseo, inicialmente, comprender. Y alterno la lectura de Daniel, tal vez con Zacarias, Ezequiel, Apocalipsis. Si leo con atención, voy notando relaciones que apunto en un cuadernito. Por ejemplo, veo la similitud entre Daniel 4 y Ezequiel 31. No saco conclusiones radicales, pero si sigo radicalmente leyendo la palabra y orando. Voy cocinando, voy definiendo los ingredientes, picándolos, moliéndolos, remojándolos. Clamo a Dios para que El me muestre su voluntad en la palabra. No sólo para que me revele tesoros escondidos sino para ver su voluntad. Porque la revelación de sus misterios no me vale sino deseo conocerlo a Él y obedecerlo en su voluntad. Si escribo de Él, con gracia y verdad mi escrito lo glorificará. Él es la verdad.

 

Un cuadernito de apuntes: De ahí saldrá la receta

Así que el cuadernito de mis apuntes va creciendo, lleno de pequeñas notas, ideas sueltas, nuevos interrogantes. Tal vez vengan preguntas que me implican dejar por un instante a mi biblia e irme a buscar cómo entendieron otros lo que tal vez yo no estoy entendiendo. Estoy construyendo mi pan, pero otros pueden ya tener lista la receta. Entonces uso dos fuentes básicas, una concordancia y un par de comentarios. Algunos se me hacen densos y faltos de vida, en otros percibos una mayor presencia del Espíritu de Dios, pero igual reviso lo que tengo a mano.

 

Las concordancias y otras herramientas de cocina

 En cuanto a las concordancias me gusta la Strong, en cuento a comentarios prefiero El Matthew Henry, el Comentario exegético al texto griego del Nuevo Testamento de Samuel Pérez Millos y mi amado Comentario Bíblico Histórico Ilustrado de Alfred Edersheim. Con Pérez Millos no estoy de acuerdo en muchas cosas, pero lo respeto y me apoyo en lo que me sirve.

Estas son mis mejores fuentes, pero tal vez use algunas teologías, me gusta por ejemplo Teología Sistemática –Introducción a la Doctrina Bíblica de Wayne A. Grudem y también puedo usar la Teología sistemática de Millard Erickson.

 Pero trato de no navegar en ellas más allá de lo que me interesa. Estimo que son libros de referencia y los uso como tal, busco en ellos la referencia que me interesa. A ves solo consulto su bibliografía para armarme a un mapa de autores, ¡que es fundamental!

A veces copio o imprimo aparte todas las referencias de la Strong con respecto a una palabra que es clave en mi lectura. Recorro la biblia leyendo cita por cita. Pueden salir muchas notas interesantes para mi cuadernito de apuntes. Voy despacio, pero voy cada día, constante en la medida de lo posible. Cocinando a fuego lento.

 

Sin biblia no hay ningún plato

 Una biblia que uso con frecuencia es mi vieja y pesada Biblia de referencia Thompson. Esa me da unos panoramas muy interesantes. Es bueno aprender a usarla. Porque es una herramienta muy potente para ir de Génesis a Apocalipsis, siguiéndole los pasos a una referencia. Tiene una buena concordancia y unas listas temáticas excelentes.

Este ejercicio puede tomarme meses, años, o días. Nunca se si me estoy metiendo en un gran problema. Pero los grandes problemas suelen convertirse en una mayor profundidad en el conocimiento de mi Señor, y por su puesto en una mayor reverencia y pasión por su grandeza y por su palabra.

 

Organizando los ingredientes

 Una vez tengo un mapa mental del asunto. Me hago con una buena lista de partes del tema y empiezo a escribir las piezas. Inicialmente bosquejos que tal vez predique y si hallo que me impactan, que valen la pena, los vuelvo ensayos.  Todos cortos entre 5 y 10 páginas. Así que, de pieza en pieza, tal vez salga un libro, en un principio no lo sé. Pero luego empiezo a tener, no siempre, una carga en mi corazón por darle a otros a conocer lo que escribí. Entonces tal vez sea publicable, pero espero y esperando un día me llega de parte de Dios, de una u otra manera, la convicción de publicar. Si no es así lo guardo en mi Pc, y por su puesto en mi corazón. ¡Allí es vida!

 

Cotejando con tras recetas

Una vez tengo claro lo que creo haber aprendido y tengo el mapa de mis hallazgos, me voy a buscar autores, que no son referenciales, y que leyeron el libro de Daniel y escribieron sobre el asunto. Me gusta leer primero los que me dan un vistazo general, por ejemplo, para el libro de Daniel he leído inicialmente Daniel: Comentario bíblico Portavoz de John C. Whitcomb. Y consulté uno más completo: El volumen que hace parte del Comentario al texto hebreo del Antiguo Testamento de C. F. Keil, F. Delitzsch. Le eche un vistazo a Los Agentes de Babilonia de Jeremiah.

Leí Contra la corriente de John C. Lenox, un enfoque más aplicado a la contemporaneidad, y otros más que no tiene sentido mencionar. Tal vez solo quiero decir, que no se puede escribir sin leer.

 Son tipos de lectura diferente, unos más ligeros que me da un mapa general y otros más densos, con mayor profundidad en las palabras originales del texto, el significado de las palabras en hebreo, por ejemplo.

En el camino seguramente me iré encontrando otros libros de la misma línea. Voy adquiriéndolos y leyéndolos. La verdad no hago una lectura exhaustiva de todas las fuentes posible, para mí sería abrumador. Hay cantidades tremendas de referencias. Prefiero las que suelen ser citadas en muchos libros, esas son las clásicas. Con el tiempo nos hacemos a un banco básico de referencias bibliográficas que son sumamente útiles. Y si nos asisten las provisiones del cielo y podemos comprarlos nos vamos haciendo a una buena biblioteca de uso.

Hasta aquí entonces tengo, un banco de citas bíblicas que encontré en mis horas de estudio, un mapa, unos bosquejos, un primer ensayo y un banco de referencias de otros autores. Estos otros autores a veces me llevan a afinar lo que ya tengo ampliándolo, pero otras veces encuentro posturas con las que no estoy muy de acuerdo. Sin embargo, las apunto y voy orando. En ocasiones me doy cuenta de que estoy metida en el terreno de una gran controversia teológica, entonces tal vez omita este tema o presente las posturas en el documento. Por lo regular omito el asunto y enfatizo lo que me queda más claro. No creo muy sabio querer salir con grandes novedades y querer resolver lo que otros más sabios no han resuelto; sólo quiero, comprender, escribir y tal vez compartir con otros lo que me lleva a amar más a mi Señor. Y en casos específicos me asiste la intención, como cuando predico de mostrarles a otros la verdad de la escritura y tal vez guardarlos de los errores que muchas veces se enseñan hoy.

 

Al momento de escribir

Escribo en la madrugada o temprano en la mañana, cuando hay silencio, no suena el teléfono, no entran mensajes, no me siento tentada a ver las noticias en Google. No tengo ya, gracias a Dios, aplicaciones de redes en mi celular. Son la peor manera de perder el tiempo. Cuando requiero las redes las veo en mi Pc, pero no las tengo a mano para evitar tentaciones. Así que escribo cuando puedo de verdad concentrarme y parar y orar y escribir y orar y parar y meditar y escribir unas tres horas, de ahí en adelante pierdo la unción, las ganas y la concentración.

Escribo todas mis notas en cuadernillos, pero cuando veo que el trabajo tiene futuro me paso a la computadora. Antes escribía en mi portátil, ahora mi hermana me ha regalado un mini Pc, le he puesto una pantalla de 24 pulgadas porque no quiero forzar más mis ojos, la edad avanza.

Escribir en los cuadernillos es bueno, porque me permite tomar nota en donde esté, siempre viajo con uno en mi maleta de mano. Escribir a mano además me obliga a darle una primera revisión a lo escrito cuando lo transcribo en el computador.

 

Ideas y párrafos: el orden de los ingredientes si altera el producto

Si empiezo echando el huevo y luego el aceite, no será igual. Siempre algo va primero, la idea va primero.

Empiezo con una idea, idea primaria, y me cuido que en realidad la desarrolle en el mismo párrafo o en varios párrafos siguientes. No paso a otra idea principal si no la he desarrollado lo suficiente. Estas oraciones de desarrollo se llaman ideas secundarias.  No es buen negocio escribir en un solo párrafo tantas ideas primarias o principales.

Escribo frases y párrafos cortos, citas cortas, capítulos y libros cortos. Tengo claro que mi público es mal lector. Pero también sé que aman a Dios y por eso desean leer a cerca de Él. Eso ayuda. Y yo les ayudo no agobiándolos con libros gordos que los matarían de ganas de leer sin mirar ni una página. Los entiendo, cuando me sirven un plato gigante, se me puede ir el apetito.

 

El fluir: vamos cocinando y corrigiendo los condimentos

Empiezo sin detenerme. Escribo lo que viene a mi mente y a mi corazón. No me corrijo en el camino. Fluyo. Luego viene el trabajo más duro. Corregir los pequeños ensayos que se convierten en capítulos. Me hago a un cuadro de contenidos, un índice que llamo estructura. Los pongo es post-it, los pego en la pared, visualizo, los miro de lejos. Los reacomodos como un rompecabezas. De pronto se cuál es el orden en que deben ir. Y también sé, cuál de ellos no va en el libro. Lo lamento, lo guardo. No va.  Tal vez sea la pieza de otro libro, tal vez nunca nadie lo vea. No lo sé. Dios dirá.

Lo que sí sé es que el escritor muy novato quiere meter todo lo que sabe en un solo libro. Craso error. Como el cocinero novato que quiere servir todos sus platillos en una sola cena. Craso error. Hay platillos exquisitos que no maridan bien con otros en la mesa.

 

No basta la inspiración hay que trabajar la masa.

Luego camino al calvario: Volver a leer, en dónde deje ideas sin desarrollar, dónde tachar una frase, tachar una palabra, buscar una mejor frase, buscar una palabra más adecuada, tal vez más suave, o más contundente. Depende.

Ahora la inspiración no es el punto, ahora el punto es la inspección del estilo. Mi ojo fiscalizador busca los errores, por ahora errores conceptuales, gramaticales, de enfoque, de contenido. El tamaño y coherencia de las frases y los párrafos. Pero el asunto no acaba allí. Y sin embargo lo dejo reposar, tal vez una semana, un mes. No sé cuánto. Pero lo dejo.

 

Dejando reposar la masa

Cuando regreso en el peor de los casos, después de releer muchas veces, desistir y volver a empezar. Como cuando ensayo una receta, en gloriosas ocasiones de un golpe queda perfecto el plato, pero regularmente no es así. Principio de cocinera empírica, jamás, nunca, nunca invites a tus comensales la primera vez que montas una receta. Tal vez no volverán a tu mesa y si vuelven será por pura condescendencia, por misericordia.

Si vuelvo a empezar repito el ciclo del camino al calvario. Si pasa mi auditoria. Lo dejo reposar unos días. Como al buen pan de masa madre. Toma tiempo y mucha paciencia.

 

La sal se corrige al final

Y luego, empieza otra fase de la cocina, tal vez repasar la sal de una buena sopa; se hace al final.  Revisar los puntos, las comas, los conectores. Hasta que llega el momento en que sé que el plato está listo. No puedo hacer más por lo que he escrito.

Como ahora, tal vez vengan otros capítulos de este manuscrito, tal vez quede hasta aquí. Pero por ahora no hay nada más que decir, y si lo comparto, por ahora será entre amigos más condescendientes. Como la receta ya ensayada pero no perfecta.  Tal vez nunca se publicará. Pero necesitaba escribirlo. En unos meses lo vuelvo a leer, irá al calvario y se repasará la sal…. Por ahora en bruto y en buen remojo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *