Una cosa es la muerte misma y otra el temor a la muerte. De ello me he percatado en las ministraciones de liberación demoniaca. Como El Señor dijo en Marcos 16:17 que estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; pues creó y practico la liberación, y he visto a personas atribuladas por espíritus de muerte que no son libres al ser ministrados, porque usualmente reprendemos a un espíritu de muerte y resulta que el demonio que opera es el de “temor a la muerte” que es diferente.
Las personas que son oprimidas por este demonio suelen tener un grande temor a morir, muchas veces manifiestan síntomas físicos como sudoración fría, desmayos, ataques de pánico, aislamiento, enclaustramiento, se niegan a salir a ciertos espacios por miedo, y en general, manifiestan una pérdida de control frente a ciertas situaciones específicas de peligro o aun en ausencia de ellas. Una vez identificamos este demonio por el discernimiento, lo echamos fuera en el nombre de Jesucristo El Señor. Entonces la persona suele experimentar una gran liberación y por su puesto un grande alivio.
Una vez tomada conciencia sobre la mentira implícita en la situación y fortalecida la fe, la persona rompe los hábitos mentales y goza del privilegio de la libertad y de una vida normal.
Por su puesto todas las personas tenemos temor a morir y no por ello estamos endemoniadas. Pero la persona presa del demonio del temor a la muerte suele tener manifestaciones de miedo por razones inespecíficas. Este temor opera en el ser humano y en algunos casos el enemigo toma control de la persona llevándola a estados lamentables de esclavitud.
Entonces estamos identificando dos situaciones concernientes al temor, una la condición de ser oprimidos por un demonio de temor a la muerte y otra la condición de estar bajo una influencia general que usa el enemigo para afectar nuestra manera al percibir la realidad bajo temor a ser destruidos.
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” Hebreos 2: 14-15.
El temor a la muerte es el mayor cautiverio de Satanás sobre el ser humano. Observe que, en el versículo anterior, la palabra nos habla de una condición de servidumbre, “sujetos a servidumbre” es decir una condición de esclavitud en donde el ser humano tiene un amo, y ese amo es justamente Satanás actuando a través de una de sus armas llamada temor. Llenándonos de temor nos gobierna, condiciona y dispone a su antojo. Este temor lo manifiesta la escritura como “temor de la muerte”.
Pero debemos tener claro: Satanás no tiene ya el imperio de la muerte para aquellos que están en Cristo. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte,
Cristo se hizo hombre, participó de nuestra naturaleza de carne y sangre siendo Dios y fue en calidad de hombre a la cruz, como un acto de guerra certera “… anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. Col 2:15
Satanás ya no determina quién vive y quién muere, cuando se trata de un creyente. Esa sola potestad viene de Dios, por eso Cristo exhortaba …no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. Mat 10:28. Porque Satanás no tiene potestad sobre nuestras almas que en Cristo son eternas, no las puede destruir, no tiene la potestad para ello, le fue quitada en la cruz.
No puede destruir a su antojo a aquellos que por la fe nos sometemos a la autoridad de Cristo aceptando su señorío, desplazando, rechazando y anulando el señorío que tenía Satanás sobre nuestras vidas.
Si el diablo tiene autoridad sobre nosotros es porque se la damos en nuestra desobediencia , porque cada vez que nos salimos de la potestad de Dios le cedemos autoridad al enemigo, tal como explicaba el apóstol Pablo en 2Co 2:10 Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones; Porque el apóstol en su sabiduría sabía que , por ejemplo, cuando no perdonamos y desobedecemos el mandato de perdonar entonces el enemigo toma ventaja.
Por otro lado, la biblia nos alerta de algunos casos en que Dios le da permiso al enemigo porque hay un propósito, como nos da ejemplo la palabra en Job: Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida. Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Job 2:5-6. El enemigo fue, pidió permiso, y le fue concedido, pero no obró como le vino en gana sin la autorización debida de quien tiene la potestad de todo cuanto existe. El Señor nuestro Dios probó a Job y capitalizó lo que el enemigo pretendía hacer en su siervo. Hubo una grande victoria en el alma de Job
Pero, también es importante entender que Satanás sigue siendo dueño del imperio del temor sobre aquellos que no creen. Y aun sobre aquellos que por situaciones no resueltas aun siendo creyentes, son incrédulos.
Muchas veces esas áreas no resueltas son fortalezas de mentira heredadas, son herencias espirituales. Es como si una casa es mía, pero otros habitan en la casa que he heredado, entonces debo hacer uso del permiso legal para sacar de mi propiedad a aquellos que de manera ilegitima pretender ocupar lo que no es de su propiedad. Así en el mundo espiritual tenemos legalmente el derecho a ser libres, pero a veces debemos adelantar los procesos para entrar por la fe en la legitima propiedad, y además hacer lo concerniente para que de hecho nos establezcamos, ocupemos y vivamos alojados en lo que Dios compró para nosotros en la cruz: la absoluta libertad para nuestras almas.
Recordemos que la obra de Cristo en la cruz venció la muerte, pero también venció el temor a la muerte que era el arma mentirosa con que Satanás nos ha querido esclavizar. El murió y venció para así librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” Hebreos 2: 14-15