Dios no levantará a su iglesia en el arrebatamiento hasta no mostrarle al mundo una última generación que manifieste su poder sobrenatural y su amor irresistible. Un pueblo que de verdad sepa lo que es la plenitud de Cristo. Porque Cristo es nuestra tierra prometida.
Para Abraham la promesa, el pacto, tenía además de un sentido físico, terrenal, un sentido eterno. En el libro de hebreos 11:9, Abraham parece determinado a ir más allá de lo que Dios le había dado en su tiempo: Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa. ¿Por qué vivir como extranjero?, ¿no era esa la tierra que Dios le había dado a perpetuidad? Allí mismo la palabra nos da la respuesta: “porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”. Hebreos 11:10.
Canaán es una prefiguración de la lucha espiritual que libra el creyente para poseer los territorios de su corazón. Los cuales deben ser conquistados con una visión mayor. Una visión del talante de la del mismo Abraham: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” Juan 8:56. Abraham vio más allá del cumplimiento terreno a uno que era una mejor promesa, vio a Cristo y ese fue su mayor gozo.
Así que Abraham había visto y comprendido el plan de Dios y a Cristo como el esperado. Por el cual miles entrarían a la vida por la fe. (Juan 1:12-13).
Estos, según la palabra entran a un reino que según el mismo Jesús no es de este mundo: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí”. Juan 18:36
Así que Canaán debe ser entendido solo como una prefiguración de nuestras luchas para poseer la estatura espiritual que podemos alcanzar, si es que aprendemos a creer lo que El ya ganó para nosotros muriendo en la cruz, resucitando y ascendiendo victorioso de la muerte. Entonces Canaán es la sombra de algo más profundo que nosotros podemos llegar a poseer por la fe, si es que vivimos en la esperanza de alcanzar al anhelado.
Porque por sobre todas las cosas, el Señor es nuestra heredad.Así lo expresa el libro de Apocalipsis: “El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:7-8).
Debemos entonces preguntarnos ¿Dónde enfatizamos? En “todas las cosas” o en “yo seré su Dios y él será mi hijo”. Esto depende de nuestro grado de intimidad y cercanía al amado. Si sólo hemos vivido un evangelio de prosperidad o el de la unción o el del éxito ministerial, entonces que Él sea nuestro Padre, nos parecerá secundario. Y veremos solo la tierra prometida como la búsqueda de nuestros beneficios naturales aquí y ahora; pero si Él es nuestra vida, nuestro amado, nuestro deseado, todo cambiará y diremos como David: “Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa.” Salmos 16:5
De tal manera que nuestra herencia más preciada será El, nuestro amado. No tiene sentido recibir una tierra donde Él no esté. No tiene sentido una relación con un Padre sino es una relación de amor como El mismo la propuso. No tiene sentido recibir como herencia todas las cosas si no es en nuestra relación con El.
Cannan representa muchas de nuestras luchas actuales las cuales son solo un pretexto para formar en nuestras almas lo que será eterno: la imagen de Cristo en nosotros y una relación con nuestro amado Señor curtida en cada batalla. El plan de Dios para nuestras vidas se insertará en el más amplio plan para una historia en la que contribuimos, mientras que en franca lid, se perfila nuestra identidad de hijos hechos a la imagen de un Padre extraordinario.
Todo ello revelará a los hombres quién es Él, y su obra se manifestará en nosotros, así como nosotros manifestaremos las suyas.
Allí empiezan las preguntas que guiarán nuestra lucha como creyentes en estos tiempos: ¿En realidad qué esperamos? ¿Tenemos claro que la tierra prometida es lo que somos en Él? ¿Estamos enfocados solo en reclamar promesas terrenales sin una visión más allá del aqui y el ahora?. ¿Añaden las promesas que usted espera al plan eterno de Dios o solo añaden a su vida personal?
EL enfoque de lo esperado marcará la naturaleza de nuestra victoria. Dios escucho la oración de Josué y detuvo al sol porque Josué no peleaba para sí mismo, peleaba por Israel; estaba alineado con el plan de Dios, no con sus propios planes. Josué 10:12-14.
La iglesia, cada uno de nosotros requiere con urgencia un realineamiento con Dios y con sus intereses. Lamentablemente el enfoque humanista de muchas enseñanzas de hoy nos han afianzado nuestra naturaleza egocéntrica, por lo cual pedimos para nosotros y para nuestros intereses personales y ministeriales. Se nos olvida que el espíritu de lo profético, de lo que vendrá de lo que se espera debe estar centrado en Cristo. Porque Apocalipsis 19:10 dice que “el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. Y el espíritu de Jesús siempre está alineado con la voluntad del Padre.