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No temas a las Señales de los Tiempos

Y habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y sobre la tierra, angustia entre las naciones, perplejas a causa del rugido del mar y de las olas, desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las potencias de los cielos serán sacudidas.  Y entonces verán AL HIJO DEL HOMBRE QUE VIENE EN UNA NUBE con poder y gran gloria.  Cuando estas cosas empiecen a suceder, erguíos y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra redención” BLA Lucas 21:25

La anterior es una palabra profética lanzada para las naciones por Cristo mismo. Anunciando lo tiempos venideros, alertando de la angustia entre las naciones. Y profetizando también, que parte de esa confusión, vendrá por el rugido del mar y de las olas, lo que podemos leer como maremotos y tsunamis.

Y dice que los pueblos llegan a un punto de desfallecimiento, pero no por los fenómenos en sí, sino por el “el temor y la expectación”, del futuro, de lo que se estima pronto a acontecer, a sabiendas que generará sufrimiento.

Desfallecer es perder las fuerzas físicas, es el camino al desmayo, pero también es perder la fuerza moral. Note que en general, el Señor dice que los “hombres” desfallecerán, en otras versiones dice “las gentes” y en ello generaliza.

Pero más adelante afirma: “Cuando estas cosas empiecen a suceder, erguíos y levantad la cabeza, porque se acerca vuestra redención”. Allí ya no les habla a todos, sino a aquellos que hemos creído, aquellos que esperamos por la redención.

Esta es la actitud requerida. En vez de inclinarnos desmayados, levantarnos bien derechos. En otras palabras, cobrar fuerzas por la esperanza de saber que está cerca el Reino de los cielos. (V 31)

Y, entonces, nos advierte el complemento del levantarnos:

“Mirad también por vosotros mismos” (RV1960) o esta versión. “Estad alerta”. Y completa: “no sea que vuestro corazón se cargue con disipación y embriaguez y con las preocupaciones de la vida, y aquel día venga súbitamente sobre vosotros como un lazo”. Lo cual nos obliga a desplazar nuestra atención. Como si El Señor nos dijera: En vez de mirar los acontecimientos, mira mejor tu corazón. Y ponte en la actitud correcta. Porque de ahí depende tu victoria, como afirma enseguida: “que tengáis fuerza para escapar de todas estas cosas que están por suceder, y podáis estar en pie delante del Hijo del Hombre”.

Entonces no parece ser que el Señor nos exima de la prueba que viene sobre la tierra. De hecho, afirma: “porque vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra”. Pero cuando nos aconseja “Mas velad en todo tiempo, orando para…”. Se refiere a la salida para los creyentes.

O sea que, en síntesis, la palabra nos dice:

  1. Mi pueblo estará en medio de la naciones angustiadas y confundidas.
  2. Mi pueblo, ante esto, debe levantarse
  3. Mis hijos, deben tener la esperanza del Reino venidero
  4. Deben entender que el momento de la Redención está cerca
  5. Deben quitar los ojos de las calamidades y examinar sus corazones. Y remata con este extremo:
  6. Que tengáis fuerzas para escapar, que seáis dignos de escapar.
  7. Por lo cual podemos concluir que este “ser dignos” es tener el corazón correcto, la esperanza y la actitud correctas.

El tiempo se acerca, según lo que vamos viendo. Y nosotros volvemos los ojos a nuestro Señor para permanecer en ÉL, para adorarlo mientras llega el día. El día de nuestro encuentro con Él. El día de la consumación de nuestra redención, cuando descansaremos de todo tipo de tribulación.