Por Liliana Posso B. Noviembre de 2011
Entonces los que estaban reunidos, le preguntaban, diciendo: Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel? (Hechos 1:6 LBLA)
Y El les dijo: No os corresponde a vosotros saber los tiempos ni las épocas que el Padre ha fijado con su propia autoridad; pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros; y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra. (Hechos 1:7, 8 LBLA)
El preocupado por otras cosas, por un poder no para gobernar sino para serle testigos. Y ellos preocupados por el poder natural de Reino. Restaurarás a Israel como nación quería decir “¿restauraras el gobierno civil y el lugar nuestro como estado independiente de Palestina?”
Pero La preocupación del Señor era mucho más amplia. El estaba muy preocupado por un territorio más amplio: los confines de la tierra. Era más visionario que ellos. Sabía que toda la tierra podía hacer parte de su reino con todos los beneficios que eso pueda otorgar al ser humano: amor, sanidad, paz, esperanza y lo más importante el deleite de ser sus hijos, gozar de su paternidad. Amarlo y sentirnos amados, tener protección suficiente, provisiones abundantes y conocer al Rey de cerca, ser sus íntimos amigos.
Esto era más importante que tener un gobierno civil apropiado. El cambio del corazón de los hombres cambia los estilos de gobierno y no al contrario. Los pueblos sólo cambian moralmente, cuando son impactados por el conocimiento de Dios. Cuando el reino se inserta en sus corazones viene un cambio en todas las instancias de la sociedad, la economía y la política. Por eso estaba interesado en implantar en la tierra un reino que no era de la tierra, un reino que no era de este mundo tal como se los expreso con sus propias palabras cuando dijo, Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí. (Juan 18:36 LBLA)
Si su reino fuera de este mundo, el mismo se hubiera hecho coronar rey, pero no fue así, porque narra la escritura que, dándose cuenta de que iban a venir y llevárselo por la fuerza para hacerle rey, se retiró otra vez al monte El solo. (Juan 6:15 LBLA)
El pueblo no entendía lo que en realidad pretendía Jesús y lo peor es que hoy tampoco entendemos. Ellos habían estado con Él, en su presencia física, oyéndolo cada día y no entendían que estaba tratando de hablar de una esfera espiritual que podía transformar nuestra vida natural, física, terrenal.
Este era un cambio que se iniciaba en la fe, en creerle, en aceptarlo como nuestro redentor. Poder creer en la posibilidad de una nueva naturaleza, por un poder que no era el nuestro sino de El mismo quien resucitó. Cristo levantado de entre los muertos para que hoy esté vivo. Por eso su estrategia era otra. Tenía otro método más poderoso que el poder civil, el poder sobrenatural de su Espíritu Santo.
Y era con este poder que pretendía y pretende cambiar al ser humano, aunque muchos hoy pretendan que el hombre cambie cuando cambie la política. Nunca olvidemos, los que somos fruto de la reforma, que Lutero combatió por la doctrina, no por el poder, más bien la búsqueda de la verdad fue usada por otros para quebrantar el poder de la institución eclesial. Porque justamente la iglesia tradicional pretendía, como algunos parecen hoy anhelar, otorgarse un poder político, aunque quedaran menguadas las pretensiones espirituales de nuestro Rey soberano.